2019 y la Cuna Vacía

Queridas guerreras:

Llevo meses tratando de escribiros en vano. Decenas de intentos que guardo como borradores que nunca verán la luz. El motivo principal es que no logro encontrar las palabras que describan este año pasado sin que suene amargada, depresiva o tremendista. No ha habido buenas noticias que compartir o yo no he sabido encontrar la manera de hacer que prevaleciera lo positivo frente a lo negativo. Pero quiero, en cualquier caso, hacer un balance del año que ya pasó y contaros cómo encaro 2020.

El 2019 empezó tras un fracaso más, después de infinidad de ellos. En marzo llegó mi primer positivo, que luego resultó ser un aborto anembrionario.

No os cuento (porque sé que os hacéis una muy buena idea) lo que implica tener la única beta positiva de tu vida, rezando cada día para que duplique (porque empezó siendo muy baja) y llegar a la semana 7 para descubrir que el primer positivo de tu vida no ha sido más que humo. Pero un humo tóxico porque, veréis… Empecé poniéndome pastillas de Cytotec hasta en tres ocasiones distintas. Había expulsado en casa, en una noche que no le deseo ni a mi peor enemigo, pero aún quedaban restos. Después de eso y los Cytotec fallidos, vino el primer legrado y un mes de descanso. Luego llegaron las cancelaciones y el segundo legrado. Y, finalmente, mi endometrio dejó de crecer.

Recuerdo cuando fui a consulta con mi ginecólogo para confirmar que no había embrión. Me dijo varias cosas: En primer lugar, que el anembrionario se da por un fallo cromosómico y que en ovodonación es raro, pero no imposible. También me dijo que no se volvería a repetir, con total seguridad. He de confesar que no le creí (porque siempre he sospechado del factor masculino) y que he tenido muchos meses el miedo metido en el cuerpo. Por último, me explicó que, aunque el embrión no se desarrollara, le había dado la oportunidad de observar el modo en que se había efectuado la implantación y que era perfecta, con lo que descartaba cualquier problema de endometrio.

Es curioso cómo cambia todo con el aleteo de una mariposa. Antes de los legrados mi endometrio no tenía ningún problema, sin embargo, hoy en día es un quebradero de cabeza para mí.

Vinieron más cancelaciones y un Decapeptyl mensual, para intentar que, con un pequeño descanso, mi endometrio se recuperara. Y me planté a finales de Noviembre con un endo renqueante que me dio por los pelos para llegar a la transferencia. Mi marido y yo llegamos el día 25, ilusionados pese a todo lo que llevábamos pasado… pero, al entrar en la consulta vino el siguiente batacazo. El embrión había descongelado bien al principio, pero en el último momento había empezado a venirse a abajo. El que avisa, no es traidor y mi gine me avisó. La beta confirmó lo que mis test de embarazo predecían… que había sido un bioquímico.

Con mi historia médica en la mano, a mí me huele a factor masculino y mi gine empieza a no tenerlas todas consigo de que no sea así. Le hemos sugerido pasar a doble donación y no lo ha visto mal pero, por supuesto, primero hay que arreglar el endometrio, porque no es cuestión de dar semejante paso y poner los embriones en un nidito que es un churro.

Hay que dejarlo descansar, al menos tres meses. Tienen que pincharme un Decapeptyl trimestral, en cuanto mi cuerpo deje de trolearme… porque empecé con anticonceptivos hace dos semanas, pero cuando fui a control el viernes pasado, tenía varios folículos creciendo como locos y uno de ellos ya medía 16 mm. Dice mi médico que si me ponen el Decapeptyl así, me puede crear un quiste impresionante (y cuando digo impresionante, me refiero a uno del tamaño de un balón de fútbol). Así que tengo que esperar de nuevo a que los folículos estén pequeñitos y en reposo, para que puedan pincharme de una vez el medicamento y que empiece por fin esa parada de 3 meses. Esperar para seguir esperando… La frustración y la impotencia hace tiempo que son amigas mías.

Empiezo 2020 desesperanzada y desmotivada. Es el único año, en el que sé con total seguridad que no seré madre. Puede que con mucha suerte logre embarazarme, pero ni aún consiguiéndolo en la primera transfer de doble donación, daría a luz en 2020. Seguiré un año más sin cuna y espero que sea el último, porque este año lo hemos fijado como límite para dejarlo todo y recuperar nuestras vidas.

No os ocultaré tampoco que la doble donación me produce cierto desasosiego. Cierta inseguridad por tener que afrontar otros retos y enfrentar otras dificultades. No estoy eligiendo el camino fácil, pero espero que al menos sea el correcto. No es tampoco un camino seguro ni sin obstáculos. Ni siquiera estoy totalmente convencida de que pueda llevarme a la meta, pero es lo último que me queda por probar y, racionalmente, me parece la opción más correcta.

Hace algo más de un año, pasé a ovodonación. Lo hice por voluntad propia, agobiada por la falta de resultados y por lo que supone ser origen desconocido: batallar contra molinos de viento completamente a ciegas. Me alegro infinitamente de haber dado ese paso, porque puede que hubiera perdido, como poco, un año de mi vida siguiendo con mis óvulos y me hubiese agotado totalmente, para pasar, finalmente, a una ovo que ahora sé que tampoco iba a funcionar.

Me toca una vez más dar un nuevo paso al frente y cambiar de camino, con la esperanza de no acabar en otro callejón sin salida. Lo hago desde mi propio convencimiento de que, probablemente, sea mi única posibilidad real para ser madre, pero a la misma vez, siento cierta amargura por todo el tiempo perdido andando en la dirección equivocada. Un tiempo en el que me sentí culpable de cada negativo, de cada fracaso, de cada mes que veía la regla. Empiezo este nuevo camino libre de culpa y sin culpar a nadie, con la certeza de que la ilusión y la esperanza volverán a mí, aunque en este momento no sea capaz de sentirlas.

A día de hoy, llevo tantas caídas acumuladas, que soy incapaz de visualizarme siendo madre o, simplemente, embarazada. Pero soy realista y sé que es sólo la inercia de mi mente, que se niega a salirse de la espiral en la que lleva viviendo tanto tiempo. Sólo necesito que las cosas empiecen a salirme bien para poder levantarme de nuevo.

Quizás no sea en 2020 cuando sea madre, pero aún puede ser el año que me devuelva la sonrisa y la esperanza. No puedo pedir mucho más, porque tampoco es cuestión de ir soñando con imposibles.

A vosotras os deseo lo mejor para este año. Que sea un 2020 lleno de alegrías, de bebés sonrientes, de brazos llenos, de luchas recompensadas… y, sobre todo, repleto de felicidad.

Os agradezco infinitamente todo el amor que me dais siempre y todo vuestro apoyo. Cada mensaje de ánimo, me ha servido para llegar donde estoy. Cada abrazo, ha recompuesto los trocitos de mi alma. Vuestra amistad es lo mejor de este camino.

Un abrazo muy grande, preciosas mías ❤️❤️🤗😘😘

PD: Aunque vaya a estar tres meses alejada de los tratamientos, no penséis que vais a deshaceros de mí. Mi proposito de año nuevo es escribir más aquí, aunque tenga que reconvertir esto en un blog de cocina… “Una sartén para Eva” 🍳 ¿Cómo lo véis?

6 comentarios en “2019 y la Cuna Vacía”

  1. No sabes cuanto me identifico contigo. Yo cada vez asumo más que no seré madre pero ni en el 2020 ni nunca… Empiezo a abrir mi mente, a plantearme otras opciones, y a trabajar mucho la aceptación. Se que no hay palabras que consuelen, así que te mando fuerza, para afrontar lo que venga. Y no dudes de que volveremos a sonreír

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    1. Volveremos a sonreír sin duda alguna, cariño. Espero que nuestra bola de cristal esté estropeada y, pese a que todos nuestros sentidos nos digan lo contrario, podamos ser madres, ya sea este año o el que viene. Y si no es así, al menos nos llevamos a las grandes personas que hemos conocido en el camino y que siempre tendremos a nuestro lado. Recuperaremos nuestras vidas y volveremos a ser felices pensando en lo que tenemos y no en lo que nos falta. Y finalmente, nos sentiremos orgullosas del camino que realizamos, porque no siempre hay que conseguir el trofeo para sentirse satisfecha con una misma. Te mando un abrazo gigante, guerrera mía, y te deseo lo mejor para este año ❤️❤️😘😘😘

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  2. Eva, te deseo de todo corazón que el 2020 te acerque a tu sueño de llenar esa cuna. Siento que estés pasando por esta pesadilla. Yo tengo dos niñas arcoiris después de haber pasado por un total de 7 embarazos, incluido un ectópico, un legrado, etc… Y para tener a mi segunda hija tuve que medicarme con heparina, adiro, cortisona, progesterona, … Todo pasa, pero la lucha nunca se olvida. Un abrazo muy grande y feliz 2020

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    1. Es así, la lucha no se olvida. Los morados de la heparina se borran, pero todo el camino deja cicatrices en nuestras almas. Muchas gracias por ese abrazo y por tus buenos deseos, Raquel. Espero que 2020 te llene de felicidad, preciosa. Tu camino también ha sido muy duro y escarpado. Me alegro de que hayas encontrado dos hermosos arcoiris al final del sendero. Un abrazo gigante, guapa ❤️❤️🤗🤗😘😘

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  3. Bueno, esperemos que sea el principio del fin y confiemos en que los años bisiestos traigan buena suerte (yo vine con uno, pero por favor, absténganse de hacer cálculos). Aunque más que fiarse de los hados, esperemos que el tiempo y la ciencia reparen ese endometrio y nuestro querido Gine pueda apuntarse otro éxito (y descansar, que se lo tiene merecido con lo que tiene encima). Ojalá sea de verdad un feliz año.

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    1. Sabes que los cálculos te los hago rápido… pero me voy a contener 😜 Muchas gracias, tesoro. Ojalá nuestro gine puede deshacerse de mí prontito y tomarse unas vacaciones, que lo tengo que tener estresadito perdido. El día 3 vuelvo, aunque casi seguro que será para cancelar esto y esperar otra regla para el Decapeptyl. Espero que 2020 sea un gran año para ti y llene tus brazos. Con eso ya será un año muy feliz también para mí. Un beso muy grande, guapísima! 💗💗😘😘😘

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