Ovodón: Miedo 0 – 1 Eva

Hola, chicas:

Hoy me apetece hablaros de nuevo de la ovodonación. Desde que tomé la decisión hasta hoy, he pasado por muchas etapas hasta llegar donde estoy ahora. Sé que algunas de vosotras estáis a punto de dar el salto a la ovodonación y que necesitáis saber qué os vais a encontrar cuando abráis esa puerta tan temida. Lo sé porque a mí también me pasó, y buscaba como loca en Google intentando encontrar las palabras que me dieran la paz que necesitaba. Os voy a contar mi experiencia porque creo que puede ayudar a las que tenéis los mismos miedos que tenía yo.

Ya os conté que no fue fácil tomar la decisión, pero abordar mis miedos uno a uno con papel y boli por delante resultó de gran ayuda para poner orden en mi cabeza y me dio cierta paz. Pero los miedos volvieron, disfrazados con otros trajes pero estaban allí. Ya no tenía temor a no querer a mi hijo, sino a que mi hijo no me quisiera a mí y también albergaba dudas respecto a la opinión de la familia y los amigos. Me agobiaba intentando buscar la solución perfecta para todos los problemas. Y quería dejarlos solucionados antes de que ocurrieran, lo que viene a ser “poner el parche antes de que salga el grano”. Pero eso era imposible. No puedo evitar que mis amigas o mi familia me digan cosas inconvenientes. Me costó darme cuenta de que tengo que dejar que los problemas salgan a la luz antes de afrontarlos, no puedo adelantarme a todo.

Me sentía madre de segunda categoría. Sí, dicho así suena muy estúpido, pero mi hijo o hija iba a tener un padre maravilloso con el que compartía genes y una madre que, aunque se había desvivido por traerlo al mundo, no cumplía todos los requisitos de la madre perfecta estereotípica. Y sentía que esa circunstancia me ponía en desventaja con respecto al papel de mi marido. Que él partía de una posición más favorable y cómoda. Oh, sí, me he sentido miserable y estúpida… Cómo un auténtico trapo. Me he preguntado cómo me sentiría el día de la donación sabiendo que iban fecundar el ovocito de otra mujer con los espermatozoides de mi marido, y me he aterrorizado pensando en si llegado el día de la transferencia, quizás, sería capaz de sentir algún tipo de rechazo por ese pequeño ser que ahora intenta agarrarse dentro de mí.

He sido tan tan tan tonta… porque ninguno de mis miedos se ha cumplido (aunque sé que mi suegra me puede romper la estadística en cualquier momento 😅😉).

Creo que la primera prueba de fuego fue contárselo a mi hermano. Tenía dudas sobre si decírselo a su mujer, que reconozco que es un encanto, pero no quería que se chivara a sus padres y al final todo el mundo estuviera cotilleando sobre mi infertilidad. Decidí arriesgarme y contárselo a los dos juntos y me llevé unos cuantos abrazos, besos y muchísimo amor. Primer miedo anulado: La familia lo entiende, me apoya y no van a ir por ahí contándolo.

Llegó el día de la donación. Fui a la clínica con mis reservas pero sin penas. Incluso hice bromas con mi médico y con mi marido. Me sentía bien. Mi ginecólogo me habló de la donante: su edad, su profesión… Y me sentí muchísimo más tranquila y más que agradecida a esa chica que me está dando tantísimo. Toda mi intranquilidad se evaporó con esa información, quizás porque sentí a la donante como una persona mucho más cercana, como si fuera parte de mi familia. Ya no era una total desconocida y aunque en realidad no sé apenas nada de ella logré enviar más miedos y prejuicios a la papelera. Cada vez llevaba menos carga.

La tercera prueba de fuego fue ayer. La transferencia. Pensaba que me iba a dar pena, que me iba a sentir triste. No por mis genes, sino porque en cierta medida me sentía perdedora. Me había rendido, había tirado la toalla…. No fue pena lo que sentí, sino emoción, ternura y amor. El amor más puro que se llevó el resto de las cargas que llevaba. Cuando vi a mi embrión, que ya estaba intentando salir de la capa pelúcida, lo primero que pensé fue: Me necesita. Verlo tan pequeñito, luchando por vivir, me llenó de amor y lo sentí mío. Tan mío como los 6 anteriores. Y dejé de sentirme una invitada de piedra en este proceso, empecé a sentirme útil. ¿Qué toalla había dicho que había tirado? Estaba luchando de nuevo, luchando por él y con él.

Mi betaespera pinta un poco más tranquila que las anteriores y quizás sea la más dulce de todas. Ya quiero a mi pequeñín, aunque sea microscópico, y llevo menos presión, porque me quedan otros tres blastos. Ahora que mis temores han desaparecido me siento liberada de todas esas cargas y muy feliz. Y quería compartir este sentimiento con vosotras, sobre todo con aquellas que empezáis a enfrentaros a la ovo y que pensáis que esa tristeza no os va abandonar nunca. Os garantizo que se va.

Un último inciso para agradeceros a todas vuestro cariño, que ha sido fundamental estos días. La infertilidad también me ha traído cosas buenas, pero la mejor de todas sois vosotras. Os llevo en el corazón, #infertilpandy, porque sois las mejores compañeras de viaje que jamás pude soñar.

Qué paséis unas muy Felices Fiestas y que el 2019 venga cargadito de positivos para todas💫💫💫🍀🍀🍀💖💖💖

Muchísimos besos😘😘😘

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