La terrorífica histerosalpingografía

¡Hola de nuevo, chicas!

Hoy quiero hablaros de esta prueba porque quizás es la que más miedo nos da de todas. Yo le temía más que a una llamada telefónica de mi suegra, que ya es decir.

La histerosalpingografía no es más que una imagen con contraste de nuestras trompas que nos da información sobre su permeabilidad. De no ser estas permeables, podría ser un motivo de nuestra infertilidad. En mi caso, mi doctora quería ver, no las trompas, sino la forma del útero. Nunca habíamos sospechado de la morfología uterina, pero en la polipeptomía pareció verse ligeramente tubular y querían descartarlo.

El día anterior a la maldita histerosalpingografía, tenía que tomarme un antibiótico y, unas horas antes de la prueba, ponerme un laxante que, seamos sinceras, con el susto que llevaba en el cuerpo era prácticamente innecesario.

No preguntéis. No queréis saber hasta qué punto llegó el grado de humillación laxantil. Sólo os contaré que mariduchi, siempre presto a colaborar, terminó poniéndome el enema, y yo me dejé… 🤦🏻‍♀️

Después de que mi regla me troleara una vez más, había tenido que buscar un sitio donde me dieran cita prácticamente de una semana para otra. San Cemedi Bendito me quitó el problemón de encima.

No había casi cola, así que agradecí no tener que agonizar, lentamente en el pasillo, mientras esperaba mi turno de entrada a la sala de torturas.

Me había pasado las semanas anteriores viendo vídeos, blogs… todo aquello que tuviera la palabra maldita: HISTEROSALPINGOGRAFÍA. Casi todos los comentarios eran negativos. Luego entendí que quien le va bien no tiene necesidad de contarlo ni de desahogarse. ¿Para qué, si han salido victoriosas salvando su vida? En todo caso se van a celebrarlo por todo lo alto, que es lo que habría hecho yo si no me hubieran estado esperando mis suegros en casa 😬

Allí que estaba en la sala de espera, comiéndome las uñas hasta los muñones, cuando llamó la enfermera. Salí a su encuentro, mirando antes a mariduchi con carita de corderita «degollá», y sin rezar un Padrenuestro ni ná, me metí en la cabina. La chica me dijo algo de «ponte la bata, esto por aquí y esto por allá…» No me pidáis que me acuerde de las palabras exactas porque, quizás no os hayáis dado cuenta, pero iba un pelín atacada.

Así que me puse al lío… me quedé en pelotilla picada y me envolví con todo el glamour que me permitieron mis deditos temblorosos.

Al rato llegó la enfermera, me echó un vistazo de soslayo y con indiferencia me espetó:

— Te la has puesto del revés.

Sinceramente, no le vi intención de dejarme intimidad para enmendar semejante pifiazo. Imagino que sabiendo que instantes después me iba a ver todo el potorrillo, ese momento de despelote integral carecía de transcendencia para ella. Y yo, que con los años de tratamientos he perdido la vergüenza, le di la vuelta a la bata con rapidez delante de su mirada impasiva.

Si, total, me esperaba el matadero… ¿Para qué andar perdiendo el tiempo con minudencias?

El matadero en cuestión tenía pinta de sala de rayos X. No podía creer que fuera a morir de dolor hacíendome una puñetera radiografía. Menos mal que me ayudaron a subirme a la mesa metálica y colocarme (despatarrada) porque estaba un pelín alta y yo soy un pelín enana.

Apareció entonces la doctora, muy simpática y amable. Necesitaba nosequé lámpara que le acercaron prestamente y cuando fue a encender, (oh, sorpresa…) estaba fundida. Aquello pintaba «oscuro», por no decir que empezó a darme un poquito de yuyu.

Comenzó un trajín de apertura de armarios y cajones diversos, en busca de una bombilla de repuesto, que no aparecía por ningún lado.

Os recuerdo que yo estaba encima de la mesa, con mi batita, mis vergüenzas al fresco y con la orden expresa de no moverme ni una mijita. Y ahí empecé a temer que llegara el de mantenimiento a echar un vistacito… a la lámpara, por supuesto.

Hicimos la prueba «en plan íntimo» y confieso que, la comparativa de la luminosidad de la sala con la boca de un lobo, no me dejaba para nada tranquila.

La doctora me fue inyectando lentamente un líquido de contraste, que estaba frío como su p… puritito hielo, pero reconozco que casi no lo sentí. No me dolió y, si acaso, en algún momento pude notar una pequeña molestia mínima. Menos mal, porque otro día os contaré aquella ocasión en que casi lanzo una patada voladora (involuntaria) a la cabeza de mi doctora. En aquella ocasión fallé y le di a la lámpara, pero os recuerdo que aquí no había tal elemento lumínico sobre el que errar mi objetivo.

Mientras yo aún recelaba sobre si aparecería el de mantenimiento, la doctora y la enfermera iban haciendo escapadas a una cabina acristalada desde donde tomaban las radiografías. Allí estaba yo, sobre la mesa helada, en posición humillante, y esperando a que llegaran los dolores de la muerte.

Repitieron el proceso tres veces, porque una de las trompas no se veía clara, pero aquello seguía sin doler. Así que me dije: «Eva, ahora es cuando te hacen girarte… y todo eso que leíste en Google y te acongojaste viva».

— Eva, que ya hemos terminado. Ya te puedes vestir.

Y sí, salí corriendo como alma que lleva el diablo y no sugerí que me giraran ni nada, porque una sabe cuando tiene que cerrar su boquita imprudente.

Antes de irme, me dijeron que todo estaba bien. Las trompas eran permeables y el útero tenía la forma correcta. Me dieron las imágenes en un CD-ROM y me largué toda feliz para mi casa a celebrar que, una vez más, no encontramos la dichosa causa de la infertilidad.

Oh, wait! Entonces, si no son las trompas ni el útero ¿Por qué demonios no me quedo embarazada?

Os dejo mi consejo para quienes tengáis que haceros la HSG y estéis muertecitas de miedo como yo: id tranquilas, no miréis más en internet porque cada persona es distinta y nadie os puede decir a priori si os dolerá o no. Tan sólo pensad que es una prueba muy rápida. Y si no te giran, para tomar imágenes de perfil, podría decir que es, incluso, exprés 🤭. En el peor de los casos, pasará pronto.

Y súper importante: una bombillita de repuesto en el bolso y la batita… se anuda con la abertura hacia atrás 😅

Sois muy grandes, infertilpandy. Id tranquilas y sin miedo, porque cada prueba os pone un pasito más cerca de vuestro sueño.

Os llevo siempre en el corazón. ¡Millones de besos, bonitas mías! ❤️❤️😘😘

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