Lo que no me gusta del «duelo genético»

Photo by Tobi on Pexels.com

Queridas compañeras de infertilidad:

Hace tiempo que tengo este rinconcito muy abandonado pero, hoy, una chica en Twitter me ha dado el empujón que necesitaba para volver a tratar la donación de gametos y la batalla que se libra, a veces, en nuestros cerebros, cuando tenemos que cambiar nuestro rumbo y empezar un nuevo camino a través de la ovodonación.

Se suele hablar en estos casos de “duelo genético”. Es una expresión que creo que genera confusión y minimiza este conflicto interno hasta reducirlo al tan recurrente y, ciertamente, un poco banal tema de los parecidos físicos.

El mal llamado “duelo genético” no tiene una extensión en el tiempo que sea igual para todos, ni tiene por qué empezar en el mismo momento en cada persona. Hay quien lo intenta adelantar antes de terminar con las FIVs (ese fue mi caso y os aseguro que de nada me sirvió intentar llegar antes al final del camino, porque tenía que pasar por las mismas estaciones y hacerme las mismas preguntas, una y mil veces, hasta que mi cerebro encontró por sí mismo todas las respuestas).

También están quienes dan el paso y se encuentran con las dudas o los miedos después. Incluso, y es de lo más normal, quien, pensando que ha hecho correctamente todo su duelo, descubre mucho tiempo después nuevos temores que habrá de afrontar sobre la marcha, incluso con su hijo ya en brazos.

Vienen a mi memoria escritos, que guardé entre los borradores de este blog, donde explicaba que las ovogirls no somos heroínas. Somos una extraña clase de mujeres, normales y corrientes, que unos temen (por miedo a que la ovodonación sea algo contagioso) y otros admiran (por nuestra “fortaleza” para afrontar nuevos retos). Lo cierto es que somos las mismas que un día descubrieron su mano temblorosa al inyectar el Menopur, las mismas que abortaron en la oscuridad y el silencio de su cuarto de baño, las mismas que en cada negativo temieron que se les agotara el dinero y la paciencia para hacer más intentos. Somos las mismas que nos miramos al espejo diciendo “yo no necesitaré eso, porque aún soy joven”. Y, finalmente, un día tuvimos que desbloquear un miedo más. Y ya no era el de hacerse tal prueba o tal otra, si dolería o no… Porque cambiar tu gameto es mucho más que un cambio de técnica reproductiva. Puede no significar nada y, a la vez, tener repercusión en mucho.

Y con esto me refiero a cosas que van más allá de nuestra propia persona. Aquí lo de menos es si ese hijo se va a parecer a ti, porque lo realmente importante es cómo puede afectarle ese cambio a tu hijo. Como el aleteo de una mariposa va a hacerte pensar en cosas que en otra situación no tendrías que plantearte.

Somos las mismas, pero un poco más rotas, un poco más frágiles…  Hasta que, afortunadas algunas de nosotras, nuestros hijos reparan con su amor las alas que nos rompió la infertilidad.

El duelo de la ovodonación es mucho más que aceptar que tu hijo no se va a parecer a ti. Es tener un debate con tu yo interno y descubrir dónde radica la esencia del amor; es preguntarte a ti misma si las cosas que adoras de tu familia son heredables o si forman parte de la impronta que la educación, la convivencia y la imitación dejan en cada uno de nosotros; plantearte el derecho a conocer los orígenes como un derecho fundamental del ser humano y valorar la importancia que va a tener la sinceridad y la transparencia durante toda tu vida; preguntarte cómo de relevante será en la vida de tu hijo desconocer sus antecedentes médicos familiares; es saber que puede tener curiosidad por conocer a los donantes que hicieron posible su existencia y plantearte si le acompañarías al fin del mundo para ayudarle…

Y cuando has terminado con todo esto y algunas cosas más, es mirarte al espejo y preguntarte si por aceptar la donación voluntaria de una mujer, mayor de edad, en pleno uso de su capacidad para decidir y obrar, eres una explotadora de mujeres.

Por todo esto es por lo que me parece reduccionista, simple e injusto llamarlo “duelo genético”. Porque genera confusión y un profundo desconocimiento de todo lo que implica; porque antepone la superficialidad de lo físico, frente al profundo amor y la inmensa responsabilidad con la que las ovogirls nos enfrentamos al dilema de sustituir nuestros óvulos; y porque, como si fuera poco el dolor de ser infértil, se le añade a quienes se enfrentan a tamaña decisión, la duda de si serán los únicos seres sobre la tierra que tienen que sufrir semejante batalla mental y bombardeo de pensamientos repetitivos.

Queridas amigas, la ovodonación es el tabú dentro del tabú. Por eso este blog nació con la pretensión de ser una voz al viento que hablara sobre ella, que removiera conciencias y calmara sufrimientos. Y es también por eso, que aunque no quiero extenderme entrando a analizar cada uno de los miedos y dudas que se esconden detrás del duelo “genético”, no voy a dejar pasar la oportunidad de compartir con vosotras mis pensamientos más íntimos.

Muchas sabéis que soy mamá de un niño de dos años, que vino al mundo gracias a la doble donación de gametos. Y a estas alturas me da igual el camino que tuve que recorrer, porque lo único que importa es que me llevó hasta él; que su cabeza encaja en el hueco de mi brazo, mientras duerme, como una pieza de un puzle tan perfecto que no hay genética que pueda mejorarla; que su risa me lleva hasta un mundo de felicidad que hace muchos años que había olvidado que existía; que no hay nada mejor que dormirse tras haber escuchado de sus labios “Te quiero mucho, mamá”.

La donación de gametos no es, como piensan algunos, el camino fácil (nunca más lejos de la realidad) pero, ha sido el más hermoso, porque fue su sendero el que me llevó a encontrarme con mi hijo y recuperar la felicidad de cuando ni siquiera me planteaba la posibilidad de ser infértil y multiplicarla por el número infinito de sus besos.

Sé que mi camino no terminó con la beta positiva, ni siquiera con el parto… Me queda todo un viaje en el que día a día, voy enfrentando sus preguntas e intentando responderlas de la mejor forma posible. Es una decisión que me acompañará toda mi vida, ya lo sabía al tomarla, pero de la que estoy más que orgullosa, porque es el origen de mi felicidad y de la de toda mi familia, y del amor más grande y más puro que jamás he conocido.

Ojalá que quienes transitáis en estos momentos el duelo “paragenético” encontréis las respuestas que necesitáis y que pronto alcancéis el arcoíris.

Un abrazo a todas. Os llevo siempre en mis pensamientos y en mi corazón ❤️🫂

Si os interesa que vuelva a escribir sobre este tema o sobre cualquier otro, podéis hacérmelo llegar en comentarios.

Si queréis leer más sobre ovodonación, dejo aquí una de mis entradas favoritas: https://unacunaparaeva.com/2020/02/29/amor-se-escribe-con-ovo/

Y aquí, un podcast que grabé con mi amiga @MiNubeVioleta: https://www.youtube.com/watch?v=eUa-2UhOIRw

7 comentarios en “Lo que no me gusta del «duelo genético»”

  1. Hola Eva, estoy muy contenta de haber dado con tu blog. Atravieso una situación personal muy complicada, que de todo lo que he leído, sólo he visto bien descrita en esta entrada de tu blog. Tengo una bebé de dos meses, por ovodonación y mi proceso emocional no se había desarrollado suficiente para comprender lo que iba a pasar tras nacer. Me cuesta mucho sentirla como mi hija, no me identifico, y paso mucho miedo pensando que no la querré suficiente. Me arrepiento de haber dado este paso de la ovodonación, siento que no estaba preparada en absoluto, y me siento muy culpable de haberla traído al mundo sin haber profundizado suficiente. Estoy en terapia pero me iría muy bien poder comunicarme con alguien como tú, o poder contar con alguna psicóloga especializada en estos temas.
    Si pudieras contactar conmigo te lo agradecería enormemente.

    Me gusta

    1. Hola, Isabel:

      Antes de nada, te mando un abrazo muy grande y te agradezco enormemente tu comentario.
      No es fácil contar estas cosas que, efectivamente, existen, aunque muy pocas personas se atreven a hablar de ellas.
      He visto que me has escrito a través del «Contacta». Ahora mismo te contesto y nos ponemos en contacto. A ver si alguna de las psicólogas que tengo en mente pudiera también ayudarte.

      Un besazo gigante

      Eva

      Me gusta

    2. Hola, Idabel. Espero y confío que hayas conectado ahora sí con tu maternidad. El postparto es un momento muy difícil, las emociones son traicioneras y no conectar con el bebé es algo que le puede pasar a cualquier mujer. Cómo estás ahora? Una abrazo de otra ovo-mami desde 2021. Lo peor y lo mejor que me ha pasado ❤️‍🩹

      Le gusta a 1 persona

  2. Qué maravilla Eva! Yo siempre digo que no todo es el duelo estrictamente genético. De hecho, en la mayoría de los casos, suele ser el menor de los sufrimientos. Gracias por dar voz y por hacerlo tan bien 💚

    Le gusta a 1 persona

    1. ¡Gracias a ti, María José! Si vieras que antes de escribirlo estuve tentada de preguntarte tu opinión sobre este tema. Sabes que valoro enormemente tu punto de vista.
      Gracias de nuevo, corazón. Es una bendición para toda la infertilpandy tenerte cerca ❤️🤗

      Me gusta

Replica a Maria José Barquero, psicóloga experta en infertilidad Cancelar la respuesta