Amor se escribe con Ovo

Photo by Jasmine Wallace Carter on Pexels.com

Queridas guerreras:

Hace más de año y medio, que tuve que enfrentarme a la decisión de dar el paso a ovodonación. Sé que otras chicas dicen que para ellas fue muy fácil, que no tuvieron duelo genético y que encontraron, desde el primer momento, un consuelo en la posibilidad de poder recurrir a esta técnica que les daba la oportunidad de ser madres.

Para mí no fue sencillo. Os mentiría si os dijera otra cosa. Me enfrenté a muchos miedos, dudas, a dilemas éticos y por supuesto al consabido duelo genético.

Ahora que estoy a punto de dar el paso a doble donación, quiero hablaros de nuevo de cómo afronté ese momento y de cómo estoy llevando éste en el que me encuentro ahora.

Fueron tiempos oscuros, esos que precedieron a mi decisión de pasar a ovo. Durante muchos años, había dado por sentado que no tenía ningún problema para ser madre. Luego, tuve que aceptar que estaba equivocada y pedir ayuda.

Cuando llegué a la clínica, mi doctora era muy optimista. Fueron los negativos constantes, los que me hicieron comprender que mis óvulos no me iban a llevar a ningún sitio. Quizás porque aún tenía óvulos, quizás porque mis ginecólogos no me enviaron de cabeza a ovodonación… fue un poco más difícil tirarme a la piscina. Lo hice desde el convencimiento de que a mi edad de 41 años (entonces), nadie iba a buscar el verdadero problema, mientras estuvieran ahí mis óvulos para escudarse en los fallos de implantación. Llevaba por entonces, más de diez años con la infertilidad a cuestas. Demasiado tiempo para seguir perdiendo más dando vueltas en círculo. Necesitaba algo que me hiciera avanzar y abandonar el diagnóstico “origen desconocido” y ese algo era la ovodonación, aunque me dolía profundamente. Era ir a ovo o no ser madre nunca, pero los miedos no me dejaban dar el paso.

Ya no tendría mi pelo, ni mis ojos, ni se parecería a mi padre, ya fallecido ¿Qué pensaría mi padre de esto? ¿Sería ético para él que usara los óvulos de otra mujer? ¿Qué pensaría la sociedad? ¿Y mi familia política? ¿Y mi propio hijo? ¿Me querría igual que a su padre? ¿Se sentirá mal por no conocer parte de sus orígenes? ¿Cómo me sentiré yo si quiere conocer a la donante? ¿Puede mi hijo heredar alguna enfermedad de su donante? ¿Me arrepentiría algún día? ¿Me sentiría inferior como mujer y como madre? ¿Qué motivaba a la donante? ¿La tratarían bien en la clínica? ¿Cómo se sentiría ella? ¿Tenía que contárselo a mi hijo? ¿Cuándo? ¿Cómo?… y así podría seguir durante horas, con las miles de preguntas que bombardeaban mi cabeza a cada minuto.

Mi mente entraba en bucle, y cuando ya había respondido una de ellas, pasaba a otra, y al terminarlas todas, volvía de nuevo a la primera. Todo esto mientras me sentía sumergida en un mar de tristeza y desesperación. No tenía otra salida y no era precisamente la que yo quería coger.

Sentía como si, de alguna manera, en esto de la infertilidad hubiera distintos estamentos. Y por supuesto, las ovogirls éramos, dentro de ellos, las parias de la tierra, sólo ligeramente por encima de las ddgirls (chicas que están en doble donación). No, no era apetecible pasar de ser una luchadora a rendirse, tirar la toalla y aceptar el propio fracaso y la incapacidad casi total para ser madre, porque esa era otra de mis dudas constantes… ¿podría llamarme madre, cuando no iba a poner mi genética y, además, no era más que una perdedora?

Fui masticando cada uno de mis miedos, mientras mi cabeza parecía a punto de estallar entre mis manos.  Las lágrimas caían por mi cara cada día y casi prefería morirme a tener que enfrentarme a aquel dilema que nadie podía afrontar por mí. Demasiada responsabilidad para una indecisa compulsiva.

Gracias a que mi ginecóloga me dejó tirada porque se quedó embarazada, tuve tiempo de sobra para pensar. Fue en este momento cuando conocí a Dr. Suchard. Él me planteó acumular y pasar DGP y yo le sorprendí eligiendo pasar a ovodonación.

Había tenido dos meses para tratar de comprenderme a mí misma, a la sociedad, a mi familia, a mi futuro hijo, a la donante… y había logrado completar mi puzle, el que daba respuestas a todos los interrogantes.

La maternidad es amor. No quieres más a tu hijo porque sea un clon tuyo o de tu marido o de tu padre…, ni porque sea más o menos inteligente o haya heredado tu maravilloso don para cantar o tocar tal instrumento. En ninguna circunstancia, nadie puede asegurarte que un hijo biológicamente tuyo se va a parecer a ti… ¿Entonces, por qué derramé tantas lágrimas por esto? Lo único que cambia es que ahora tengo la seguridad total de que no se va a parecer a mí. Y, cuando nazca y conozca su cara, no podré saber a quién se parece pero estaré segura de que es el rostro de mi hijo el que contemplo. Porque la maternidad es mucho más que cuatro genes mal contados. La maternidad es educar, cuidar, amar… es querer ser madre y esforzarse por hacerlo lo mejor posible.

Le damos una importancia extrema a los genes, cuando compartimos el 99% de ellos con el chimpancé y el 99,9% con nuestro vecino. Estamos poniendo todo nuestro énfasis en un 0,1% para intentar perpetuar un parecido físico, cuando somos las mismas que nos miramos al espejo y renegamos de nuestro aspecto.

Recuerdo que mientras me planteaba la ovo, me sentía inferior. Inferior respecto a otras mujeres y también respecto a mi marido, porque él podía conservar sus genes y yo no. En ese instante, por puro egoísmo, habría preferido pasar directamente a doble donación y privarle a él de esa posición que me parecía privilegiada en comparación conmigo. Sin embargo, en este tiempo he comprendido muchas cosas y me he deshecho de mi total mezquindad hacia mariduchi.

Por un lado, soy consciente de que ser madre es mucho más que parir, mucho más que un  parecido, mucho más que el 0,1% de los genes. Me siento fuerte e igual de capaz que cualquier otra mujer, desde que me liberé de mis miedos.  Siento que, si estoy en ovo, es porque, de alguna manera, mi hijo y yo estamos predestinados en este mundo y son pasos necesarios que tengo que dar para encontrarle.

La única diferencia que encuentro entre una maternidad por ovo y otra con óvulos propios, es que tengo que enfrentarme a dificultades añadidas. Por ejemplo, explicarle a mi hijo su origen desde el principio o aceptar que puede tener curiosidad en conocer a su donante. Y digo curiosidad, porque no puede tener amor por una persona a la que no conoce ni ha estado ahí en los momentos más importantes de su vida. No voy a negar que, llegado el momento, esa curiosidad me hará daño, pero soy yo quien tengo que comprender lo que es y no sentirme celosa de alguien que no es ni será nunca su madre.

En este tiempo, he llegado a la conclusión de que aceptar ser madre por ovodonación es comprender la grandeza y la incondicionalidad del amor. Amamos a nuestro hijo, aun cuando ni siquiera es aún un embrión, sabiendo que no conocemos nada de él. Nos preocupamos por él, por sus dudas, por sus miedos… porque lo que realmente queremos es que sea feliz y eso es porque ya le queremos aunque muchas veces ni siquiera seamos conscientes de ello. Lo que nos sirven son sus miradas, sus sonrisas, su mano agarrada a nuestro dedo… sin importar lo más mínimo de quién sacan esos ojos, esos labios o esas manos. Nosotras, las ovogirls, hemos hecho un camino largo, duro y doloroso, que nos ha liberado de todo lo superfluo para quedarnos con lo esencial. El amor más grande es el que no necesita sustentarse en nada para existir. Ni genes ni parecidos… porque se ama con el corazón, que no tiene ojos ni prejuicios.

La ovodonación  me dio esperanzas, aunque yo tenía el pálpito de que no iba a funcionar. En estos casos, no me gusta en absoluto salirme con la mía, pero así fue. Y de nuevo me tocó dar un paso al frente más. Yo que lo veía tan claro al principio y deseaba con todas mis fuerzas que mariduchi estuviera igual de jodido que yo (sí, llamadme mala persona) me encontré de golpe con la doble donación frente a mis narices. Y no, no me alegré, sino que de nuevo caí en la depresión. Me pareció que, una vez más, todos mis esfuerzos y sacrificios no servían para nada, y pensé de nuevo en mi hijo… Si antes podía tener algún conflicto interno por desconocer la mitad de su ecuación genética, ahora el conflicto era de la ecuación al completo. No, no me hacía maldita la gracia que maridín tuviera que renunciar a sus genes, pero no era por él, era por nuestro hijo, porque, sin darme cuenta, había hecho de los genes de mi marido un pequeño salvavidas que amortiguara el impacto de no conocer la mitad de su genética. Me costó unas semanas aceptar que la doble donación sólo lo hacía todo un poco más complicado… que nos tocará dar más explicaciones y esforzarnos más por hacer comprender a nuestro hijo que no es menos hijo ni menos humano por no compartir un miserable 0,1% de los genes con nosotros. Quizás sea un camino con más dificultades, pero si todo sale bien, podré disfrutar de la sonrisa de mi hijo algún día. Y, en ese momento, creedme mis guerreras,  todas las lágrimas que derramé no serán absolutamente nada frente a esa felicidad que casi puedo tocar con la punta de mis dedos.

Os dejo un pequeño poema, que espero que os guste:

No necesito, mi niño,

para quererte mi pelo,

ni mis labios ni mis ojos,

ni mi música y mis sueños,

ni que cantes mis canciones,

ni que juegues a mis juegos.

Necesito tu presencia,

poder sentir que te tengo

acunado entre mis brazos

y acariciar tus silencios.

Y tus lágrimas y llantos,

consolarlos con mis besos.

Y cuando la noche caiga,

al oído, bajito y lento

poder decirte, mi niño,

no sabes cuánto te quiero,

pero juro demostrártelo

cada día a cada momento.

Y vosotras… ¿cuáles son vuestros miedos? ¿En qué momento estáis?

Muchas gracias por leerme. Os envío todo mi cariño y miles de besos 💖💖😘😘 Espero que vuestros sueños se cumplan muy pronto 🍀💗🍀💗 ¡Os quiero, guerreras mías! 🤗🤗🤗

10 comentarios en “Amor se escribe con Ovo”

  1. Que bonito! Es vuestro hijo y lo vais a querer como tal porque es eso y solo eso , todo eso!!! Nunca pienses en que diran, es difícil dar el paso pero vas agradecer haberlo dado cada vez que le mires. Y los parecidos pues que más dan!!! Yo pude lograrlo con mis óvulos y todo el mundo me dice que mi hija no se parece en nada a mi! Un beso gordo

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    1. Es así! En mi casa somos tres hermanos y no nos parecemos nada entre nosotros. Ni el mismo color de ojos tenemos😅 Muchísimas gracias, Vane. Me alegro en el alma de que tengas a tu hija q, aunque no se parezca a ti, seguro q te llena de amor💗😍
      Un beso muy grande, bonita 💖💖🤗🤗😘😘😘

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  2. Gracias por tus palabras y por dar visibilidad a lo que se puede sentir. En mi caso no pasé lo que tú, me tiré de cabeza a por la doble d tras solo 2 punciones,una con ningún embrión y otra con un solo blasto que no implantó. No quise luchar más co mis óvulos y no me arrepiento, pues tengo unhijo precioso que solo se parece a mí, de momento en el color del pelo, pero ahí está, es mi hijo, que salió de mi vientre.
    Hay que darle más voz a la doble donación o adopción de embriones, pues “salva muchas vidas”.
    Un abrazo.
    PD. Ay, lo que he llorado con tu poesía 😍

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    1. Hola, Carmencita:
      Me alegro de que ya tengas a tu hijo, que seguro que te llena de felicidad. Totalmente cierto que hay que dar más visibilidad… de hecho alguna vez me he encontrado con chicas que no sabían de la posibilidad de la adopción de embriones, cuando es una opción maravillosa para ser madre.
      Un millón de gracias por leerme y sobre todo por compartir conmigo tu historia. Te mando un abrazo gigante para ti y para tu pequeño 💖💖🤗🤗🤗

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  3. Hola Eva:

    Llevo en este duro camino de la infertilidad muchos años, y ahora me encuentro en el momento de decidir para o seguir adelante con ovo.

    Miedo, miedo y más miedo es lo que siento cada vez que pienso en el futuro. No quiero parar, pero renunciar a mi genética es algo que nunca me había imaginado que me iba a pasar. Claro está, tampoco me había imaginado que iba a tener serios problemas para quedarme embarazada.

    Lo que más me apena es renunciar a que mi hijo se pueda parecer a mi padre o a mi hermano que ya no los tengo conmigo. Yo soy un fiel reflejo de mi padre y pensar que mi hijo no va a poder tener nada de mi familia me desconsuela…

    En fin, gracias por tu post, espero que con tiempo pueda asimilarlo y pueda ver la luz al final del túnel.

    Mucho ánimo y mucha suerte para conseguir tu sueño 🍀🍀🍀🤞🤞🤞🍀🍀🍀 💖

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    1. Muchísimas gracias, Sara.
      Tengo que confesarte, que hubo un tiempo en el que me sentí igual que tú. Luego, un buen día, un click sonó en mi cabeza y la tormenta y los miedos pasaron de golpe. Yo también quería que mi hijo se pareciera a mi padre, hasta que me di cuenta que lo que adoraba de mi padre no era físico. Era su personalidad, su empatía, su forma de resolver y afrontar los problemas, de superarse constantemente y no rendirse ante nada…
      Quizás porque pretendía revivir a mi padre de algún modo o simplemente porque le adoraba, quería q mi hijo fuera como él. Sin embargo, no quería el pelo rubio de mi madre, ni sus ojos verdes…
      A todo esto, tengo una sobrina a la que he tenido que prestar muchísima atención. No es mi hija, pero como si lo fuera. Obviamente, conmigo comparte pocos genes. Sin embargo, se expresa como yo, gesticula como yo… no porque lleve mis genes, sino porque me copia. Fue ahí, cuando me di cuenta de que mi hijo se va a parecer a mi padre, porque todas las cosas en las que yo me parezco a él, se las transmitiré a mi hijo. Y puede que gesticule, se exprese y se ría como mi padre, porque yo también lo hago, pero sobre todo, aprenderá las cosas que mi padre me enseñó porque yo se las mostraré, de la misma manera en que ahora se las transmito a mi sobrina.
      Sólo te deseo que encuentres el camino para ser madre, con ovo o sin ella. Y que si es con ovo, esa luz llegue pronto a tu vida, para que desaparezcan todos los miedos 💫💗🍀
      Mil gracias por leerme y por compartir conmigo tu historia.
      Te mando un abrazo lleno de amor y comprensión 💗💗💗🤗🤗

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  4. Amiga mía, tú nunca podrás compartir nada con un botijo. Es más, creo que quizás la clave está en que te alejas del chimpancé mucho más que yo.
    Yo sí quería que mi hijo heredara cosas de su abuelo, pero me llevó un poquito de tiempo darme cuenta de que esas cosas en las que quería que se pareciera, no eran físicas, que podía transmitírselas a mi hijo, como mi padre me las había transmitido a mí. Lo que sí es una pena es que no pueda estar aquí para conocer a su nieto/a. Eso sí que me duele y no la ovodonación.
    Gracias por explicar perfectamente qué es la maternidad. No puedo estar más de acuerdo contigo ni lo puedo expresar mejor.
    Un abrazo enorme, preciosa :-*

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  5. Pues imagino, Eva, que yo compartiré el 100% completo con el chimpancé o incluso con un botijo, porque para mí pasar a ovodonación no me supuso ni el más mínimo dilema, duelo, preocupación… jamás me planteé que mi hijo no tendría las manitas de mi padre, solo como un tópico del que reírme, porque a ver para qué quiero yo que mi hijo tenga las manos de nadie, que tenga la suyas propias, y jamás me planteo cuando lo miro de quién serán los rasgos, porque son suyos.
    Soy consciente de que soy la excepción visto el panorama, que es algo que no tenido que trabajar ni elaborar, es algo que, sinceramente, me da absolutamente igual. También me planteo a veces qué implica ese apego a los genes, o ese desapego en mi caso. Da para mucho el temita.
    Por otro lado, pienso en qué visión tenemos de nosotras mismas, que consideramos que nuestra belleza es algo tan inefable que deba ser transmitido a las siguientes generaciones, o nuestra inteligencia tan excelsa que no podamos privarlos de ese aporte genético. Y bueno, mi belleza es más que corrientita y mi inteligencia quizá un poquito más digna de tener en cuenta, pero se basa, más que en un coeficiente intelectual heredado, en una capacidad de trabajo, de disciplina, de voluntad, que son valores que no transmite el ADN, sino la educación.
    Ser madre es querer criar a un hijo, venga de donde venga, sin condiciones, al menos desde mi visión de la maternidad,

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  6. Qué bonita entrada querida Eva, muchas ovogirls hemos pasado por los mismos miedos que tú, para mí tampoco fue fácil renunciar a la genética, además incluía el hacerlo en solitario, pero supongo que durante 4 años lo fui masticando a base del largo camino de la infertilidad, y cuando llegué, para mi fue la salvación. Una luz que poco a poco se ha ido haciendo brillante, porque llegará, en este duro camino de aprendizaje y esfuerzo, estamos llegando al final Evita, y desde luego…no seremos madres incondicionales…lo somos ya ( solo que estamos preparando el nidito 😀) un beso preciosa, gracias por compartir tu camino y estar siempre apoyándonos.

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    1. Tú lo has dicho: luz. Para mí es lo que vi hace año y medio… Luz. Y cada vez es más brillante y más hermosa. Espero que muy prontito esa luz nos alcance de lleno. A ti te queda ya muy poquito y esta tiene que ser la definitiva, cielo🍀🤞🏻🍀🤞🏻 Te mando un millón de besos. Gracias por tus palabras 💗💗🤗🤗😘😘

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