
Queridas compañeras:
¿Cuál es la frase que más os duele? ¿Y la que más os indigna?
Sé que hay tantas y tan poco afortunadas que es complicado hacer un ranking de las más dañinas, pero si tuviera que elegir de entre todas, el premio se lo llevaría «ser madre no es un derecho».
Es curioso, porque la frase no hace más que poner de manifiesto la obviedad de que no existe ningún artículo en nuestro Ordenamiento que reconozca expresamente el derecho a ser madre. Por eso, en principio, no debería de resultar ofensiva, si no fuera por la intención que subyace detrás: imponer a las infértiles los límites morales subjetivos de la persona escupidora del último mantra de moda.
En lo de los límites está el lío, porque, sin cambiar ni una sola coma en la frase, cada cual pone su barrera infranqueable en un lugar distinto. Y yo ya no sé si tengo que hacerle caso a quien me dice que puedo recurrir a la ovodonación, pero a la gestación subrogada no; a aquellos que me permiten utilizar la reproducción asistida, pero no la donación de gametos; a los que sólo me dejarían optar por la reproducción asistida si cumplo ciertos requisitos de edad, condición física, psicológica, emocional…; o a aquellos que me recomiendan ajo y agua, porque la naturaleza es sabia y no sé qué rollo de que ellos pueden y yo no.
De verdad que, si no fuera madre ya, me tendrían en un sinvivir. A ver si podéis poneros pronto de acuerdo en si podemos tener hijos o no, cuántos y por qué métodos, que el tiempo corre y luego nos venís con aquello de que se nos pasa el arroz. ¿Sería mucha molestia hacernos algún tipo de manual dejando claro lo que podemos hacer y lo que no?
Eso sí, a cambio, creo que lo justo sería que nos dejarais decidir a nosotras vuestro modelo de prótesis de cadera, si extraeros las piedras del riñón o si extirparos el bazo con o sin anestesia. Al fin y al cabo, la infertilidad también es una enfermedad y se puede vivir sin hijos, igual que se puede vivir no viendo tres en un burro por culpa de las cataratas.
Claro que, a lo mejor, en vez de comportarnos como cuñados, podríamos abogar por el respeto de las decisiones de los demás sobre su vida y su salud. Decisiones que se toman sopesando todos los pros y contras, al amparo de una ley que sigue el criterio de profesionales médicos y todo un comité bioético. No sé, llamadme loca, pero a lo mejor saben un poquito más que tú, Manolita, que desde el sillón de tu casa te crees que puedes dirigir el mundo con un móvil y dos pulgares.
Evidentemente, no existe el derecho a tener una familia. Los derechos deben de ser concretos y poder garantizarse su realización. Y no, nadie nos puede garantizar que encontraremos una pareja o lograremos ser madres. Esto último, por desgracia, lo sabemos sobradamente todas las infértiles.
Tampoco existe el derecho a la salud, porque nadie puede garantizarnos que gozaremos de ella durante toda nuestra vida, aunque nadie le espeta a la cara a un enfermo «¡Tener salud no es un derecho!», creo que por una cuestión de buena educación, porque la situación jurídica es exactamente la misma.
Ser madre no es un derecho, porque si la mujer no puede ser madre, ¿qué hacemos? ¿Nos sacamos de la chistera un niño para poder hacer efectivo su derecho?
Por eso, lo que existe es la libertad de decidir serlo o no serlo, la libertad de intentarlo si así se desea y, por supuesto, el derecho a la protección de la maternidad y de la familia, pero no puede garantizarse el derecho a ser madre porque no va a ir el Estado regalando niños como si fueran caramelos, Manolita, hija.
Por otro lado, si el derecho a ser madre no existiera, ¿qué legitimación tendría una embarazada para defender la vida de su propio hijo cuando éste no es más que un feto de unas pocas semanas de vida? ¿Os imagináis la que se podría liar (en un escenario hipotético, por supuesto) si a alguna Manolita le pareciera una aberración que las infértiles fuéramos madres y pretendiera impedir que una gestación continuara? Da igual el medio que empleara. Si el feto aún no es titular ni de derechos fundamentales y ser madre tampoco es un derecho, ¿qué legitimación tiene la embarazada para poder defender la vida de su hijo?
El derecho a ser madre existe aunque no esté por escrito. No lo abarca todo, pero tampoco está vacío de contenido.
Es, realmente, un debate jurídico muy complejo. Por eso, reducir algo tan profundo a los 26 caracteres de la frase «Ser madre no es un derecho» es tremendamente simplista y atrevido. Eso sí, reconozco que es un mensaje que cala por demagógico, machacón y apto para todo tipo de cuñados.
En estos mismos caladeros de frases manidas, se frivoliza a menudo también con el deseo de ser madre, equiparándolo a un capricho, como si fuera lo mismo que comprarse unos zapatos. Un niño no es un objeto, Manolita, que parece mentira que te lo tenga que explicar yo. Y ser madre no es el simple hecho de parir, o tener un clon genético… Y no, tampoco elegimos la donación de gametos para tener niños perfectos de raza aria, porque ni la ley permite que tengan distinto fenotipo al nuestro ni nosotras somos las locas frívolas y eugenésicas con las que deliráis en cuanto oís la palabra «ovodonación».
Pero entiende, Manolita, que mi deseo de ser madre no es menos legítimo ni menos moral que el tuyo por el mero hecho de ser yo infértil y tú no. Y tampoco es menos razonable y respetable que el de quienes desean no serlo. ¿Acaso la igualdad de las mujeres no empieza por respetar sus decisiones sin necesidad de tutelarlas? Ay, Manolita, que a veces dices las mismas cosas que tu primo Manolo y encima presumes de feminista.
«Ser madre no es un derecho (explícito), aunque para mí sí lo es». Algo así decía una compañera hace unos días y no le faltaba razón. Para ella, que ha decidido que quiere serlo, es un derecho intentarlo. ¡Faltaría más! Y no le niego a Manolita su derecho a criticar lo que no le gusta. Ya sabemos que hay a quien no le agrada que el pobre prospere, que los enfermos se curen o que las infértiles consigan ser madres, pero no por tener derecho a expresar tus diarreas mentales, Manolita, nos tienen que oler a rosas a las demás.
Porque, en definitiva, cuando se dice «Ser madre no es un derecho» ninguna de las amigas de Manolita, todas licenciadísímas en Derecho por la Universidad de sus Santos Ovarios Cuadrados, pretenden abrir un debate jurídico desde el respeto y el conocimiento, sino dejar caer entre líneas una idea mucho más cruel, inhumana y simple, «TÚ no tienes derecho a ser madre», mientras flota también en el aire la coletilla «porque biológicamente no puedes».
Hay otra más que también se infiere y que nos dedican en ese silencio cobarde de quienes no son capaces de decir lo que piensan a la cara, pero que se intuye sin dificultad: «Te jodes»
Pretender ostentar derechos mejores o superiores por el hecho de creerse portadora de una ventaja física o biológica no es muy ético, ni humano, ni feminista.
Ah, pero Manolita, tú que eres muy lista, me repetirás: Pero es que hay límites, no se puede ser madre contra viento y marea…
Porque la opinión de nuestros médicos no vale nada al lado de la tuya, que conoces mejor nuestra historia clínica que ellos y, por supuesto, porque de la manera en que tú te has preocupado y has pensado en todos los inconvenientes (ya sabemos que los aspectos positivos no te intrigaban demasiado), ni por asomo lo hemos hecho nosotras, pobres infértiles medio necias, que no sabemos en lo que nos estamos metiendo. Y, por eso, ya nos pones los límites tú, no sea que los vayamos a decidir nosotras, la Ley, la ciencia y los profesionales que nos atienden. ¡Qué considerada eres, Manolita! Gracias por dedicarnos tu tiempo.
En realidad, sabemos que lo que le molesta a Manolita no es que seamos infértiles, sino que pretendamos saltarnos las consecuencias de nuestra enfermedad haciendo uso de la ciencia y, a veces, de la solidaridad de otras personas.
Le molesta también el caso aislado de la mujer que con 67 años se fue al extranjero a «hacerse una FIV» (voy a reírme un ratito y ahora vuelvo), porque según ella no hay límites y hay que ponerlos. Menos mal que no hay límites y «tan sólo» tuvo que irse al extranjero. Quizás Manolita aboga por la retirada del pasaporte a modo preventivo a todas las infértiles, no sea que en vez de irnos de vacaciones volvamos con un niño en brazos. También tiene la opción de poner un muro, así, al estilo de Berlín, aunque no sé si las torretas y los francotiradores se le irían de presupuesto, porque, total, para una «abuela» que se le escapó, quizás lo del muro sea venirse demasiado arriba. También, por darle otra opción, podría intentar crear un nuevo orden mundial, donde todos los países vivamos happyflower con una única legislación aplicable, dictada por ella, por supuesto. Aunque me da que poner de acuerdo a Rusia con Ucrania o a Israel con Gaza quizás nos cueste un poquito. Al norcoreano ni lo nombro, no sea que me lea y me hackee el blog.
A Manolita también le preocupa que las mujeres pongan en riesgo su salud haciendo tratamientos de reproducción asistida. Buen punto, Manolita, pero con las que hacen puenting, barranquismo, rafting, paracaidismo… ¿Qué hacemos? ¿A esas las dejamos o no? A ver si el problema no es ponerse en riesgo, sino la manía de no dejar a las mujeres decidir sobre sus derechos reproductivos. Y eso muy feminista no parece.
Voy cerrando, que han llamado al timbre y temo que Manolita haya tenido una crisis y estemos en problemas, porque si no tengo derecho a ser madre, entonces, ¿quién me garantiza a mí que la loca de Manolita no está en la puerta esperando para llevarse a mi niño?
¡Qué complicado se me está haciendo esto de poner límites! Si ya os empecé diciendo que era un lío y no quisisteis creerme.
Y a vosotras, amigas, ¿Cómo os hace sentir la dichosa frase? ¿Soy la única a quien le repatea el higadillo?
Os dejo por aquí, por si os interesa, lo que le escribí en su día a Miriam, una amiga íntima de Manolita.
Os mando un abrazo enorme a todas las que lucháis cada día contra la infertilidad y además tenéis que aguantar las tonterías de tanta Manolita que anda suelta por el mundo.
Soy madre por adopción de embriones y pienso que no se puede ser madre a costa de todo. Cada cual con su ética, ahí no voy a entrar ni voy a criticar las decisiones individuales de cada uno, pero yo no estaría tranquila haciendo pasar a alguien por situaciones que a mí me han resultado difíciles (estimulaciones, embarazo, parto, posparto). Es la lógica que uso en todo y lo que a MÍ me hace estar tranquila. Elegí la adopción de embriones porque era la forma en la que sentía que nadie se estaba sacrificando por mí. Eso no implica que critique a quienes toman otras opciones aunque yo no las comparta
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Buenos días, Elena:
En primer lugar, quiero agradecerte tu comentario.
Respeto enormemente tu opinión y tu moral, aunque no sea la mía, ni la de otros.
Para mí, y para la Ley que nos rige a todos (que no es la de Dios, ni la de la moral ajena, sino la que se publica a diario en el BOE y en los respectivos boletines oficiales de las Comunidades Autónomas), es fundamental el respeto a la opinión, la moral y la decisión de cada cual, sin que las mismas puedan causar injerencia ninguna sobre los derechos de los demás.
Curioso que digas que no entras a criticar, a la vez que afirmas que «no estarías tranquila», «cada cual con su ética» o que hables de que «nadie se estaba sacrificando por mí». Extraña manera de no criticar y de no hacer valer tu supremacía moral sobre los demás.
En su momento, seguiste tu voluntad y tu criterio, totalmente respetable, como otras/os siguen los suyos. ¿Son acaso las decisiones de las receptoras más valiosas, más formadas y más válidas que las decisiones de las donantes? La donante no es menos mujer, ni sus decisiones menos respetables, ni sus motivaciones deben de ser juzgadas ni tuteladas por nadie.
Quienes toman la decisión de ser madres por ovodonación lo hacen, no con un deseo de explotación reproductiva (que es una barbaridad inconmensurable), sino desde el más absoluto respeto a la persona de la donante, a su voluntad y a sus decisiones.
Obviamente, la ovodonación no es un camino para todos y quien se ve incapaz de aceptarla hace muy bien en no recurrir a ella (lo primero no es nuestro deseo de ser madre, sino el bienestar y los derechos de esos niños nacidos por donación de gametos), pero no recurrir a esa técnica, tampoco le hace titular de una moral superior ni del derecho a diseminar sus prejuicios y limitaciones (morales) sobre los demás, sin tener en consideración el daño que hacen, incluso, a sus propias compañeras.
Eso sí, me pregunto qué tipo de pretendida superioridad impulsa a una persona a venir a apuntillar su moral sobre el resto, mientras proclama que no es una crítica. Si no es crítica, deduzco entonces una prepotencia digna de quien cree que su opinión le interesa a los demás; o quizás sea el propio complejo de quien tuvo que hacer encaje de bolillos para encajar la reproducción asistida con su moral a puro machetazo. Porque no olvides, Elena, que esos embriones necesitaron una donante para existir y que, sin ella, tú tampoco serías madre.
Que tengas un buen día
Eva
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